John Berger y la mirada sobre la mujer

Seguimos con John Berger y Formas de ver, una serie documental transmitida por la BBC en 1972 y que propusimos la semana pasada con John Berger y el cuestionamiento del punto de vista.

Si en el primer episodio de la serie (primer ensayo del libro publicado bajo el mismo nombre), se cuestionaba el punto de vista, en este segundo episodio (al que corresponden los ensayos 2 y 3 del libro), se cuestiona el modo en que se ha mirado a la mujer a través del arte y cómo esta mirada influye en nuestro modo de relacionarnos con lo femenino.

Los hombres sueñan con las mujeres.
Las mujeres se sueñan a si mismas siendo soñadas.
Los hombres miran a las mujeres.
Las mujeres se miran a si mismas siendo miradas.

Esas son las primeras palabras que oímos en el documental. Una voz en off sobre imágenes de modelos femeninas preparándose para una sesión fotográfica, mirándose al espejo, atusándose el peinado, ajustando su imagen.

Las mujeres encuentran constantemente miradas que actúan como espejos que les recuerdan cómo se ven, o cómo deberían verse. Detrás de cada mirada hay un juicio. […] Debe vigilar todo lo que ella es y todo lo que hace, porque cómo aparece ante los otros, y particularmente ante los hombres, es de importancia crucial para lo que normalmente se entiende como el éxito en su vida.

La introducción a este episodio resume lo que vamos a encontrar desarrollado en él: el modo en que se mira a la mujer, el modo en que se la ha mirado; la importancia de esta mirada en la consolidación de los prejuicios que, tanto hombres como mujeres, aplican al tratar con una mujer. Tema que adquiere especial relevancia en esta época en que se cuestiona precisamente esos prejuicios que seguimos sin entender de dónde afloran, dónde se generan, cómo echaron raíces. John Berger nos arroja luz sobre la cuestión y nos permite cuestionarnos cómo vemos, nosotros, a las mujeres.

Las mujeres se miran a si mismas siendo miradas

La mujer, en la cultura de los europeos privilegiados, es ante todo y fundamentalmente, una vista para ser mirada.

Algo interesante que descubro en este episodio es la doble identidad, como examinadora y examinada, de la mujer. La necesidad de examinar lo que somos y lo que hacemos porque eso, se nos ha dicho, determina lo que los demás hagan en relación a nosotras. Esa concepción que ha permitido, que aún permite, que haya jueces que cuestionen a las víctimas de violación si no habrá sido su vestimenta o actitud lo que haya provocado el acto y no la errónea concepción del hombre que ha cometido esa violación de que la mujer es una posesión, un objeto, que puede consumir a su gusto. El hombre sigue pensando a la mujer como un objeto que poseer; una de las dos identidades de la mujer sigue impulsándola a mostrarse como un objeto que espera ser poseído. ¿Se ha cuestionado la mujer que se pone a dieta por qué quiere estar delgada? ¿Por qué se siente a gusto con ese aspecto externo? La salud jugará un papel importante, sin duda, pero la frase más habitual para justificar esas dietas es «me veo gorda» y no alguna referida a la salud.

Después de ver este episodio de Modos de ver, reflexiono, por ejemplo, sobre la fotografía llamada «de boudoir», esas imágenes en las que aparecen mujeres sensuales, delgadas, vestidas con lencería fina y me pregunto, ¿qué mujer se viste así en su intimidad? ¿es real esa imagen en algún aspecto? ¿puede hacerse desde un punto de vista respetuoso? Me sorprendo al ver que algunos fotógrafos (varones) afirman que sí, que se puede. Yo no he logrado ver en esas fotografías más que un objeto para ser mirado.

Me cuestiono también cómo miramos y fotografiamos a la gente: ¿fotografiamos de modo distinto a las mujeres y a los hombres? Y aunque John Berger se limita a analizar el modo en que se ha mirado a la mujer, la reflexión puede hacerse extensiva al modo en que miramos a los otros, la diferencia que establecemos entre las personas que forman parte de nuestra sociedad, que comparten nuestros rasgos físicos, y las que muestran características distintas. Eso, mostrar a alguien como «cosa curiosa» y no como persona, es lo que ahora se denomina cosificación.

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