Una novia en blanco y negro

Como la mayoría de las fotografías de Virxilio Vieitez, esta novia no tiene título, solo la audacia de mostrarse al fotógrafo desde un balcón sin barandillas. Quizá el fotógrafo guardaría este negativo junto a otros, distinguiéndolo por nombre de la familia recién fundada ese día. También es posible que conociera perfectamente a la novia desde niña, que hubiera sido el artífice de las imágenes que sus padres atesoraban de ella desde poco después de su nacimiento. ¿En cuántos lugares sería eso posible ahora, en 2017? ¿Es aún posible en el pueblo donde se realizó la foto?

Imagen del artículo Virxilio Vieitez, fotógrafo por encargo

Aunque la fotografía nos la muestra en perfecta verticalidad, el resto de líneas están inclinadas delatando que, en realidad, su verticalidad no es tan perfecta: ella se inclina ligeramente hacia el interior de la casa, un lugar que sin duda debía sentir más seguro que un balcón sin barandillas y sin más protección que unas macetas rojas con lunares blancos. ¿He dicho rojas? Quizás fueran azules, o verdes, pero de un color puro y muy saturado. A mí siempre se me antojaron rojas, posiblemente por un entorno que me hizo pensar, en el mismo instante en que vi la fotografía por primera vez, en un fatal golpe de aire.

Veo esta fotografía a diario, está pegada en el corcho de la pared de mi espacio de trabajo. Pero hasta que no me he decido a hablar de ella ahora, mientras escribo este texto, no me había dado cuenta de su expresión: está más contenta de lo que recuerdo haber visto la primera vez, o quizás debería decir lo que imaginé ver aquella primera vez en la exposición. Ahora su mirada se me muestra confiada, al igual que su boca, donde imagino que acaba de terminar una frase, quizás una pregunta al fotógrafo. Quizás esa pregunta es el origen de esta nota.

Conocerla rodeada de cadáveres debió predisponerme a la fatalidad. En la exposición tenía frente a sí fotografías de familias rodeando algún fallecido que ya reposaba en su féretro, abierto para que la labor del fotógrafo tuviera sentido. Parece ser que los parientes lejanos, muchos de ellos en busca de fortuna en el continente americano, no sabían leer, así que se les enviaba fotografía del difunto abuelo para comunicarles la triste noticia. Quizás por eso imaginé el desenlace del golpe de aire que dejaba sin posibilidad a esta fotografía, la que sí existe. La otra, la que yo imaginé, es ficción.

 

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