Núcleo nativo

La fundación chilena Núcleo Nativo, es una organización sin fines de lucro que busca conservar la biodiversidad a través del rescate de especies nativas para arborizar, reforestar o restaurar diversas zonas rurales de Chile. Su trabajo no cae en el engaño de tratar la cuestión de la conservación desligado de la cuestión social: implica a las comunidades locales a través de la producción en invernaderos familiares en directa relación con su entorno. De este modo logran integrar el desarrollo de la comunidad y la conservación de la biodiversidad, algo de lo que muchos proyectos naturalistas adolecen.

En mayo de 2016 tuve la oportunidad de trabajar en una serie de fotografías para la difusión de las actividades de la fundación que, en esta fase inicial, se centra en la región noroeste de la isla grande de Chiloé. Cuando planteamos el reportaje, la prioridad era resaltar el trabajo realizado por las familias involucradas, mostrando los viveros productivos, las semillas, los planteles,… en resumen, el esfuerzo y lo logrado. Entonces surgió la cuestión de cómo fotografiar este trabajo sin que las imágenes cayeran en el cliché de inspirar falsos sentimientos solidarios basados en la peculiaridad étnica de los fotografiados, cómo evitar convertir en “monitos de feria” a esa comunidad rural.

Visitamos algunos de los invernaderos familiares, pudiendo disfrutar de esos pequeños bosques en miniatura que ya despuntan:

Luisa, una de las emprendedoras del proyecto, mostrándonos retoños de alerce.

La mayor parte de las fotografías de ese reportaje muestran las manos que cuidan de ese patrimonio biológico, firmes botas recorriendo el pasillo del invernadero, manos mimando las semillas seleccionadas. Con ello se quería reforzar el mensaje del cuidado y firmeza con que estas personas mantienen las especies nativas de los bosques chilenos.

¿Y no hay fotografías que muestren a la persona? ¿Los rostros del proyecto? Desde luego que sí. Fueron fotografías tomadas después de haber permitido a esas personas que explicaran su trabajo, sus inquietudes. Son imágenes en las que se ha intentado que, a pesar de la diferencia de esos rostros con el rostro del ideal de las sociedades occidentales, no se cayera en la trampa de mostrarlos vulnerables, extraños, sino como rostros de personas que están a cargo de la situación, conscientes de su trabajo y de la importancia de éste. También por eso, en la página del proyecto en facebook, ahora puede encontrarse vídeos en los que esas mismas personas explican el proyecto y su participación en él.

Ya sea para un encargo fotográfico o para nuestro propio uso y disfrute, la forma en que fotografiamos a los sujetos es una decisión, no solo estética sino, sobre todo, ética. Podemos apoyarnos en los clichés occidentales, en la falsa solidaridad, en la mentalidad colonialista (que ahora ya no consiste en invadir al otro, sino en decirle por qué su forma de vida no es adecuada y lo que tiene que hacer para cambiarla, para que sea como dicta el canon occidental) y obtener imágenes que garantizarán un elevado éxito en redes sociales e incluso en concursos fotográficos pero, ¿realmente es eso todo?

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